Pero volviendo al juego en si, a mediados de los 80, se empezaron a manifestar dos formas de entender este deporte. Formas que fueron encarnadas, en nuestro país, por dos personajes emblemáticos, técnicos de los seleccionados campeones del mundo en 1978 y 1986: Cesar Luis Menotti y Carlos Salvador Bilardo. A partir de ahí se empezaron a separar aguas. Quienes se consideraban Menottistas decían (y dicen aún) que lo importante en el juego es la forma de jugarlo, la belleza que se encuentra en un caño, gambeta o “firulete”. Su pensar seria mientras mejor hago las cosas, mientras mejor juego, más chances tengo que conseguir mi objetivo el cual no se identifica con el solo ganar sino que trae aparejado otras cosas, en las cuales se expresa la alegría de compartir con otros este juego, manifestadas en la tristeza de un gol en contra o la algarabía del grito alocado de un gol a favor.
Por su parte los Bilardistas consideran que lo único que importa es el resultado. No importa como lo consigo, si juego bien, regular o mal, cambio bidones o pincho con una aguja al rival, lo que importa es el resultado, lo demás se encuentra subordinado a este.
Si vamos a un plano filosófico se podría decir que los primeros privilegian el ser del deporte, su esencia, la cual es producto del picado en la canchita del barrio o en el baldío de la ciudad, mientras que los segundos se concentran en el tener de este placer de multitudes el cual es hijo de los negociados e intereses económicos que se encuentran relacionados con este deporte.
Como podrán apreciar, y si no lo han hecho es mejor aclararlo, soy muy futbolero. Este deporte me ha enseñado innumerables cosas que se manifiestan en mí ser, alguna de ellas buenas y otras no.
Por eso solicitando el permiso pertinente y entendiendo que si llegaron a leer estas líneas que se han escrito aceptaran que utilice esta comparación realizada entre Menottistas y Bilardistas para comentar un hecho a destacar en la copa de leche-comedor La Paloma en la Flor en Barrio Villa Sur Oeste.
Un barrilete, hecho de cañas y bolsas, intenta tomar vuelo una y otra vez pero no consigue su cometido. A primera vista, según un Bilardista, dicho acontecimiento es un fracaso total. Si se piensa que de 4 barriletes solo uno pudo despegarse por algunos segundos del suelo la experiencia se transformar en un fiasco que no resiste ningún tipo de análisis.
Pero si les cuento que la actividad de armar estos espectros voladores comenzó al medio día con la lectura y personificación de un cuento que Leo y Nico narraban mientras entre todos disfrutábamos de un rico guiso. Que mientras comíamos charlábamos de las enseñanzas que nos habían dejado lo narrado. Que durante la semana los compañeros nos habíamos dividido las tareas para que estén todos los materiales de trabajo. Que luego de comer rápidamente limpiamos los platos y todos nos fuimos dividiendo en grupos de trabajo. Que cada grupo trabajo de manera mancomunada, dándose una mano entre unos y otros. Que a medida que cada grupo terminaba con su barrilete los integrantes del mismo veían en que podían ayudar a los demás grupos. Que quienes no trabajaban con los barriletes dibujaban e ilustraban con sus dibujos el trabajo realizado. Que una vez terminada la actividad nos pusimos a pensar el porque no habían volado los barriletes, realizando de esta manera una práctica genuina de aprendizaje popular, resolviendo los dilemas que nos planteábamos y viendo las posibles soluciones de los mismos y planificando las mismas.
No hace falta que les diga que vivimos en una sociedad en donde solo importa el resultado. El capitalismo solo quiere el progreso, y la acumulación de capital, no importa si destruimos el mundo, muere gente de hambre, exista pobreza, o se tenga potencia nuclear almacenada que con solo apretar un botón posmilitaría la destrucción del ser humano. Por eso es importante entender que el ¿cómo? se consiguen los objetivos prefijados también determinan la naturaleza de los mismo. El vuelo de un barrilete traía aparejado un montón de actividades a realizar que resultaban aún más importantes que el simple vuelo de los barriletes. Actividades como el trabajo en equipos, el compartir materiales de trabajo, rescatar la sana competencia, la solidaridad y el compañerismo acompañaron el quehacer del trabajo y nos permiten pensar que por suerte el viento sigue soplando porque de seguir intentando ser más menotistas en algún momento los barriletes volaran.
Por su parte los Bilardistas consideran que lo único que importa es el resultado. No importa como lo consigo, si juego bien, regular o mal, cambio bidones o pincho con una aguja al rival, lo que importa es el resultado, lo demás se encuentra subordinado a este.
Como podrán apreciar, y si no lo han hecho es mejor aclararlo, soy muy futbolero. Este deporte me ha enseñado innumerables cosas que se manifiestan en mí ser, alguna de ellas buenas y otras no.
Por eso solicitando el permiso pertinente y entendiendo que si llegaron a leer estas líneas que se han escrito aceptaran que utilice esta comparación realizada entre Menottistas y Bilardistas para comentar un hecho a destacar en la copa de leche-comedor La Paloma en la Flor en Barrio Villa Sur Oeste.
Un barrilete, hecho de cañas y bolsas, intenta tomar vuelo una y otra vez pero no consigue su cometido. A primera vista, según un Bilardista, dicho acontecimiento es un fracaso total. Si se piensa que de 4 barriletes solo uno pudo despegarse por algunos segundos del suelo la experiencia se transformar en un fiasco que no resiste ningún tipo de análisis.



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