martes, 22 de junio de 2010

EL INVIERNO

El invierno. Cruel estación para los vecinos de la Villa Sur-Oeste. La niebla, la llovizna y el viento que yacen afuera, favorecen a que los ranchos de la villa se mantengan cerrados por dentro sin que los habitantes se asomen siquiera por alguna de las ranuras y agujeros de las chapas, pequeñas ventanitas. Pero siempre hay excepciones, ese día por ejemplo, quienes rompían el susurro del viento desgarrado por las ramas y árboles desnudos, eran los pibes, valientes y sin miedo al cielo gris, quienes comenzaban a componer con sus gorros, bufandas, pantaloncitos, y camperas un maravilloso cuadro en movimiento, al que se le sumaba la amarilla bandera de CTA Castellanos, y a su vez la bandera argentina flameando. El “guisito de esperanza”, como Marziali le llama, nos juntaba en la mesa. El aroma del guiso, las conversaciones en la mesa, los aplausos, los dibujos pegados en las murallas, los changos y nosotros, parecían ser los ingredientes de un enorme guiso de esperanza “calientito”, lleno de alegría y vida.Inmediatamente, después de comer, hacemos los grupos para hacer los barriletes de papel de colores, nos hemos propuesto adornar el cielo. Unos elijen un verde, otros naranjo y amarillo, mientras los de al fondo prefieren el celeste.Preparados entonces, son alzados al aire los barriletes, propulsados por el entusiasmo y las ansias de solo verlos bien arriba. Una leve llovizna cae, se empapan los barriletes, el tiempo no juega una mala pasada. Los intentos por seguir manteniéndolos arriba son infinitos, hasta que los barriletes se estrellan en el suelo, postergándose nuestro pequeño plan de pintar el cielo.




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