martes, 29 de junio de 2010

LOS CUMPITAS

El domingo pasado comenzamos las reparaciones a la copa de leche “La paloma en la Flor”, actividad que nos planteamos junto a los compañeros de scout, de la Parroquia Santa Rita, que realizan catequesis los sábados en la misma copa, y a los vecinos de la Villa Sur-Oeste para por un lado hacer mejoras en la copa, como por ejemplo ponerle una puerta a la cocina, y por otro comenzar a trabajar en lo que será el parque de juegos que se construirá para los pibes.
Desde temprano en la mañana algunos tomaron palas y carretillas para ir emparejando el piso. Otros irían acomodando las baldosas en el sector cocina, mientras afuera donde el sol nos prometía un lindo día para cocinar otros cumpas, ayudados por los pibes que iban acercándose, pelaban y cortaban todo lo que se echaría en la olla. Los cumpitas más grandes se arrimaban directamente para ayudar en las tareas que quedaban por hacer, “guachín” ayudaba en colocar las baldosas correctamente en el piso de la cocina, mientras su hermano, “chaco”, cuidaba la comida y los fideos que se hervían. Entre tanto los más chicos hacían tarjetas para sus padres, en las que se podía leer, “Feliz día papá” y “Te quiero mucho”. Las mismas estaban adornadas de colores, dibujos y corazones.
Cuando ya la mayoría había terminado, el cocinero dio la orden para que se empezara a poner la mesa. El mensaje lo entendimos todos: “Si los platos, los vasos, el pan y los cubiertos no están, no se come”. Rápidamente, como hormiguitas, cada uno buscaba las cosas que faltaban en la mesa. Antes Ana había limpiado la mesa para comenzar a arrimar las cosas a su lugar, Cami y las chicas llenaron los vasos con agua y los repartieron fijándose antes que no le vaya a faltar a nadie. Pablito ayudó a partir el pan y a ponerlo en las paneras. Algunas chicas fueron a buscar los tenedores y pusieron uno al lado de cada plato.
Ni nos dimos cuenta cuando estaba ya todo puesto y en su lugar. En ese momento llegaban los cocineros con la olla para servir los platos que comenzaban a circular. Uno a uno son llenados de la merecida comida. Sentados todos y servidos se propone un aplauso de todos para todos.
Cuesta que no pasen inadvertidas estas cosas, pequeñas situaciones, gestos, que hablan despacito de procesos colectivos invisibles que de vez en cuando emergen, mostrándose fugazmente. Es como si el orden “normal” se alterará repentinamente, sin causas a la vista. Los pibes eran quienes preparaban la mesa y cuidaban el guiso, a primera vista se podría decir que fue la obvia reacción al hecho de que cumpas debieron ausentarse en el momento de servir, por lo que quedaba tan solo esa tarea pendiente para comer. Pero nos damos cuenta que hay un significado más profundo que está enteramente ligado al trabajo pedagógico y de alfabetización que se realiza todas las semanas, desde hace ya dos años en el asentamiento, donde además de dar apoyo con las tareas y realizar actividades recreativas, principalmente se intenta crear la convicción entre los pibes de que son importantes, que ellos son capaces de lo que se propongan. Que sus destinos no están trazados, que nuestro país puede ser mejor, que ellos pueden hacerlo más justo, pero que nada se puede hacer solos. El trabajo de la copa de leche “La paloma en la Flor” es el espacio que tienen los cumpitas de la villa para recrear valores e ideas alternativas, Es el lugar donde comienzan a experimentar este tipo de ideas, a relacionarse de otro modo con la copa y sus vecinitos. Lugar que pueden hacer suyo, participando del trabajo y la toma de decisiones a medida que van creciendo.
Aquella mañana en la mesa, los pibes supieron que podían. Aquella mañana en la mesa, los cumpas se convencieron que además de pibes, habían cumpitas en esa mesa.

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