lunes, 14 de junio de 2010

PALPITANDO EL MUNDIAL

La mañana del sábado amaneció cálida y con sol radiante. Los pibes llegaron a horario y todos estábamos en alguna medida –unos más otros menos- ansiosos por el debut mundialista de nuestra selección.

La falta de gas que aqueja a la ciudad en estas últimas semanas nos obligó a salir de la cocina para hacer la leche en el patio. Ramas, pastos, troncos de quebracho y la parrilla prestada gentilmente por el vecino anunciaban el inicio del fuego. Para calentar la leche y mantener la llama viva de la esperanza para este Mundial 2010.


Así fue que mientras Vane acompañada por Dani encendieron el fuego, prepararon la leche, vertieron cacao y azúcar hasta logar una exquisita mezcla que se corroboraría minutos más tarde, otro grupo armaba dos equipos de fútbol, se buscaban nombres mundialistas y el pitazo iniciaba una mañana futbolera.

Todos queríamos ser Argentina, todos queríamos ser Messi, Verón, Mascherano, Heinze, Tevez y hasta algún fanático buscando emparentar el jugador con el club quería ser el “Chino” Garcé. Entre esta mezcla de jugadores, uno de nuestros compañeros no aspiraba ser ningún jugador argentino, por el contrario, tiraba nombres que algunos conocíamos y otros no. Claro era el “Chileno”, nuestro querido Nicolás oriundo del siempre húmedo y fresco Puerto Montt, al sur de Chile, ciudad de pescadores y paisajes inolvidables.

Luego de la evidente cargada a nuestro vecino cordillerano por clasificar al Mundial con DT argentino, no tener en su historia dos copas mundiales, ni al jugador más grande de todos los tiempos, entre otras cosas que le “refregamos” en la cara, el partido comenzó. El nuestro, el que se jugaba en el barrio barranquitas, en el patio trasero de la casa de la Vane, el mismo sábado que la selección, pero más temprano, a miles de kilómetros de donde se sudaría esa camiseta celeste y blanca, y aquel gringo cabezazo nos diera la primer alegría y la tranquilidad de comenzar con el pie derecho.

Luego de trámite parejo el equipo nuestro (que integraba el “Chileno”) salió derrotado de la cancha por un combinado exclusivamente argento, que en la pelota del final -y no de cabeza- encontró el gol que le dio la victoria. El premio fue la mesa servida. La leche y las facturas nos esperaban para llenar el estómago, recomponer energía y ver como nuestro combinado nacional haría gala de buen fútbol en su primera intervención en Sudáfrica.

Discutiendo los resultados que obtendría la selección y organizando los juegos de la semana próxima fuimos limpiando los utensilios utilizados. Finalizadas las discusiones, los pibes del barrio se fueron alejando de a poco: unos a buscar un rincón donde mirar el partido, otros se quedaron jugando un rato más y otros salieron no demasiados interesados en el equipo del Gran Diego.

Nosotros despacito regresamos a casa, nos acomodamos frente al tele junto a algunos amigos y le dedicamos el triunfo a nuestro compañero Chileno, deseándole que el miércoles tengan igual suerte. Y podamos festejar no sólo el triunfo del combinado Chileno, que dirige Marcelo Bielsa, sino que nos encuentre festejando junto a los Trabajadores de la Educación, la recuperación del Sindicato Departamental y la amplia victoria de la conducción Provincial. Palpitando un jueves de victoria y responsabilidad…

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