
Y sin darnos cuenta, estamos ya a 15 de agosto, los meses vuelan, los años. Son algunas cosas de las que nos van pasando, que nos perturban y nos hacen ver como algunas cosas cambian, se transforman, mueren, vuelven y se van. Hace unos meses si venias llegando a la “Villa Sur-Oeste” podías encontrarte a la Cami, porotita chiquitita de melena rubia, y inclinando su cabeza hacia arriba mirándote con sus ojitos negros llenos de curiosidad y ternura. Su carita, siempre llena de tierra y mocos, sus pies fríos, descalzos nos hacía muchas veces sentir lo que Benedetti describía en su poema para el Che “Consternados, rabiosos”.
“Da vergüenza mirar /los cuadros /los sillones/ las alfombras/ sacar una botella del refrigerador (…)/ vergüenza tener frio /y arrimarse a la estufa como siempre /tener hambre y comer /esa cosa tan simple /abrir el tocadiscos y escuchar en silencio /sobre todo si es un cuarteto de Mozart…”
Cami, sus hermanos y sus padres ya no viven más en La Villa, debieron volver a Buenos Aires, porque no hay laburo, porque la cosa esta mal, porque ya no alcanza ni para parar la olla.
Se hace extraño no verla a ella ni a sus hermanos, ver su casa ahora vacía, vaciada, ver hoy la casa que ayer construía César, su padre, no terminada y con un letrero colgado avisando la venta de la misma a medio construir.

Desde hace unas semanas, la familia de Sergio, Iván y Dianela, vive al lado de la casa de Cobani y a unos cuantos pasos de la Copa. Esos tres “bandiditos” que hace meses no aparecían ni siquiera en la Casa de la CTA, donde el año pasado iban a apoyo escolar, vuelven al barrio. Su alegría inunda la copa, saben que se les quiere y se les respeta, esperan todo la semana el día domingo y nosotros los esperamos a ellos, los esperamos con juegos que pensamos y preparamos durante la semana, con cuentos, para que el domingo sea el día más entretenido y en el que aprendamos muchas cosas.
¿Qué harán los domingos ahora Cami, Pablito y Gabi?, ¿Extrañarán la Copa “La paloma en la flor”?, ¿se sentirán bien allá?, lo que sabemos es que la Copa es importante en el proceso educativo de los pibes, donde se sienten contenidos de cierta manera, y es un espacio que intenta gatillar en ellos formas distintas de conocimiento, de relacionarse con sus pares de las que el mundo salvaje y agresivo del que son parte impone en sus frágiles vidas.

No hay que perder de vista jamás que esta experiencia a los pibes deberá marcarlos para que ellos puedan creer en ellos mismos, que vean en la solidaridad no una palabra hueca, que sepan siempre que el mundo se puede cambiar, que ellos siempre pueden cambiarlo pero solo cuando se lo proponen y cuando se organizan entre varios, al igual que con las actividades que hacemos en la copa, donde los pibes reunidos en equipos logran cosas que no harían solos, “o como lo hacían los chicos de la copa cuando de la villa” quizás recordará alguno de los pibes en unos años más, como haciendo memoria.
Es con eso en la cabeza que vamos a las copitas, apuntando hacia ese tipo de objetivos a largo plazo, con la vista en alto avanzando a un horizonte que espera ser imaginado, lento pero viene el futuro se acerca despacio pero viene…
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