Dos títeres conversan en el retablo. Caito, joven que se cayo de un cuento, tiembla, tiene miedo no sabe donde esta, no entiende que está pasando. Don Braulio intenta calmarlo, charla con Caito, conversa, busca darle una mano. Uno imagina que muchos niños en nuestro país viven lo que Caito estaba viviendo en nuestra obra de títeres. Se sienten desorientados, solos. Los padres que tiene un trabajo se desloman para poder llevar la comida a casa. A su vez el capitalismo y la ideología del consumo nos crea necesidades que no son tales, papis y mamis se alejan del hogar durante horas persiguiendo sueños ajenos que nunca concretaran, para llegar a casa cansados con la idea de dormir y mañana buscar el mismo sueño que terminara en frustración. Por su parte los que no tiene laburo ven como parar la olla en el día a día, el sistema los tiene mal acostumbrado, los crea dependientes de otros y solo los invita a imaginar lo que nunca llegaran a ser.El despertarse a las 6 de la mañana un día martes no es una de nuestras sanas costumbre, la casa abre a las 9 así que con abrir los ojos media hora antes alcanza. Pero este martes es especial, en muchas escuelas se celebra la semana del Día del Niño a raíz de que el día domingo festejamos su día. El consumo y las compras masivas, la locura que envuelve a cada padre o madres no son lo único para contar en esta fecha. Como les comentaba, es martes, el colectivo sale a las 7 de la mañana y siete compañeros de CTA Castellanos nos embarcamos hacia la escuelita Dr. José María Ramos Mejía, ubicada en Ataliva Norte (a unos 35 km de Rafaela), más conocida como “Campo la Nieve”. Ahí nos esperan 14 chicos, un puñado de padres y la señorita directora, que además es el único personal del establecimiento.
La realidad en el campo es distinta pero a su vez es semejante. No existe la contaminación sonora, los autos y sus caños de escape largando dióxido de carbono pero los cuerpos son envenenados por los agro tóxicos que se utilizan en la siembra de soja y otros cultivos, lo que genera cancer y malformaciones (ver nota: http://www.pagina12.com.ar). No existe la desocupación que generan las fabricas o las pequeñas pymes que no pueden lograr la competitividad reclamada por el mercado pero si existe la explotación en los tambos que aún siguen con vida y la desaparición de otros tantos que fueron relegados por el mar verde. La desocupación se traduce en las familias que no tienen trabajo formal a raíz del implemento del monocultivo sojero y de los peones que negreados por el patrón que junta dinero a granel. El capitalismo arrasa con todo, el dios mercado todo lo permite. Este sistema carnívoro maximiza sus herramientas y se adueña de lo ajeno.
Pero como los comentaba es martes y estamos en los festejos por la semana del niño en una escuela de campo y como el ser humano siempre se esta haciendo escapamos por un rato a la tirania del sistema. En ese hacer cotidiano, el cual se produce con otros y por otros en nuestro caso, es posible transformar la realidad y volvernos un poco más humanos es posible . En el reconocernos con ese otro esta la posibilidad de transformación, reconocernos en el anonimato, entendiendo que solo somos personas comunes que entiende que en la organización y en el compartir organizados con otros se encuentra el potencial el cambio. Ese fue el plan al pensar la obra de títeres a presentar, el lograr encontrarnos con los chicos, el conectarnos con ellos y permitir a partir de ese momento el trabajo en conjunto.Volvamos al martes. Al llegar a la altura en donde se encuentra la escuela caminamos unos 800 metros para llegar definitivamente. Los chicos llegan y con ellos compartimos la leche, luego nos presentamos, para después disfrutar de la la compañía de Caito y Don Braulio, títeres comandados por dos cumpas de la CTA. Charlamos sobre los derechos del niño, tema disparador de la jornada de trabajo y realizamos afiches que resumían lo charlado. Posteriormente los chicos conformaron dos grupos y dibujaron para luego exponer sus obras colectivas las cuales serán el insumo a utilizar en la realización de un mural en una de las paredes de la escuela.
La actividad del martes culminan con la construcción de barriletes y su posterior surcada por los aires. Los chicos parten hacia sus casas y nosotros nos quedamos compartiendo la comida con Dominga, directora de la escuela.
Al ser unas semana de actividades la escuela sigue con lo planificado, nosotros volvemos el viernes con la quermes preparada y con más actividades a cuestas.
Es viernes y nuevamente nos levantamos bien tempranito. Subimos al cole y descansamos los ojos un rato. Vamos por la ruta nacional número 34 y tomamos la ruta 13. Llegamos a la altura en donde se encuentra ubicada la escuela y al igual que el día martes caminamos los 800 metros de tierra que nos depositan en “Campo la Nieve”.Los chicos nos reciben con alegría, ya somos caras conocidas, nos preguntan por Caito y Don Braulio y nosotros contestamos que hoy se quedaron a descansar en Rafaela. Desayunamos, en esta ocasión a las facturas se le suman tortas caseras realizadas por las madres de los alumnos que comparten con nosotros la mañana. Realizamos los juegos de quermes, luego llega el castillo inflable, algunos chicos juegan dentro del mismo y otros remontan barriletes aprovechando el viento y las grande extensiones de campo a cielo abierto (sin arboleda) que bordean la escuela. A su vez observamos como un grupo de padres encendía el fuego para cocinar los choripanes que disfrutaríamos llegando el medio día.
Compartimos los “chori”, nos encontramos con ese otro que ahora tiene forma de peón de campo y nos cuenta sus alegrías y tristezas, sus sueños y esperanzas, su forma de vivir y la forma de vivir de un hombre de campo que mantiene cierta mistica pero que ve como su vida es invadida por el Dios mercado y sus secuaces.
Terminada la comida, las familias vuelven a sus hogares, a partir de las dos empieza el ordeñe de los animales, las tareas del tambo. Nosotros nos quedamos conversando a la sombra de un paraíso, cerca de las tres emprendemos el camino hacia la ruta provincial número 13 en donde tomaremos el cole que nos devolverá a nuestros hogares.
Pienso en ordenar las ideas y sensaciones que repiquetean en la mente a partir de la experiencia realizada en “Campo la Nieve”. Mientras narraba lo ocurrido omití contarles las muestras de cariño y afecto desinteresado que los chicos nos regalaron. No solamente nos dieron la posibilidad de compartir con ellos el poder transformar lo preestablecido por el capitalismo sino que nos dieron la oportunidad de reformularnos, de pensarnos nuevamente, de crecer no solamente como organización político-sindical, sino humanamente. A decir verdad nos humanizaron y gracias a ello nos recordaron que somos simples personas, que no debemos dejar de serlo y que la verdadera construcción se realiza en la confrontación y puesta en común de ideas y no en la miopes de los personalismos que se olvidaron o vendieron quienes eran y dejaron de ser un simple grano de arena que encausa el largo andar de luchas por la liberación de nuestra América Immortal.



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