miércoles, 29 de septiembre de 2010

EL TESORO DE LA VILLA

Vuelven las canchas a ser pisadas por los embarrados pies de los más chicos, vuelven las heridas en las piernas y dedos marcadas por los yuyos y cascotes que hablan de una infancia sin cordones. El tesoro de la Villa, la pelota de fútbol de Brian, única en los alrededores en entregar un ruedo digno a los más de 12 jugadores y jugadoras de “La Paloma en la Flor” vuelve también ella, después de larga ausencia a la cancha. Nadie se niega a jugar, ni los chicos ni los grandes, ni los malos ni los buenos, todos quieren celebrar el calorcito de la tarde sin remera y sudando detrás de la pelota blanca. Hasta las chicas hicieron su propio equipo casi ya institucionalizado, llamado “Los Incas” que como capitana tiene a Ana. Se pronosticaba una nueva paliza al equipo de los chicos, lo que con dificultades finalmente se concretó. La bronca de algunos no tuvo tiempo siquiera de surgir, pues ya teníamos preparado el pequeño festejo para los cumpleañeros: Ana y Sergio, a quienes les cantamos el feliz cumpleaños dejando de lado toda pequeña rencilla futbolera para compartir la torta y la leche. Siempre es asi, nos enojamos unos con otros, pero a la hora de sentarnos juntos en el mesón todos somos hermanos y compañeros, que comparten la pobreza, los problemas, a veces el hambre, pero también las alegrías, los pequeños momentos que permanecen, como lo de hoy un partidito que por más común que sea nos pone contentos, como también nos pone contentos los avioncitos de cartón, los juegos pintados, los móviles, los felices cumpleaños y asi vamos queriéndonos.
Despacito más allá estaba Paco, vecino de la Villa que va y viene silbando. Se sienta un rato para compartir unos mates con nosotros en su mesa, bajo el árbol que se encuentra frente a su rancho, su hijo recién nacido en los brazos de su madre nos acompaña e ilumina también en este domingo de primavera, Y es que pone contento ver tanta esperanza en una niño tan chiquito uno ya se lo imagina corriendo y participando de las actividades, trayendo sus tareas bien temprano para que le ayudemos, o celebrándole el cumpleaños en la Copa.
Ya terminada la pequeña celebración, los changos comienzan a perderse en el camino, otros como Johana y la Vicky esperan que nosotros nos perdamos en el camino, Ana, la cumpleañera, con su sonrisa de oreja a oreja se va despidiendo uno a uno de nosotros mientras vamos ya saliendo, Sergio y Joel se apresuran para lanzarnos unos “¡chao!” desde lo profundo de la Villa

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