martes, 7 de septiembre de 2010

LA URGENTE ECOLOGIA

El primer domingo de septiembre llegamos a la Villa. Los olores y colores de la esperada primavera se adelantaban llenando de brotes y verde el camino que recorre el asentamiento. El sol, que aparecía luego de una semana de lluvias traídas por la tormenta Santa Rosa, anunciaba que la copa estaría llena de alegría y risas. Los chicos se debatían en un partido de fútbol, detrás del alambrado y a pata pelada, como en aquellos días en los que nos bañábamos en la bomba para sacarnos el calor de encima. Las chicas, en manga corta, con sus caritas llenas de ternura, iban acercándose a lo lejos, desde la casa de las “mellis”. Todos esperando ansiosos las actividades que de a poco íbamos comentándoles. Los fideos listos y la salsa en su punto juntaron a esa mesa tan hermosa que todos los fines de semana se reúnen a compartir el pan, el agua, la comida y la palabra que nos van poniendo en comunión para trabajar luego en las actividades preparadas.
El sol calentaba las chapas y las cabezas de los chicos. Algunos, luego de comer, se sentaron a conversar a la sombra de la copa aprovechando la brisa. Otros, en cambio, continuaban trabajando los móviles de tapitas y objetos reciclados.
El paisaje, los paraísos que renacen y vuelven a querer cobijar con su sombra a la familia de Paco, compañero que nos invita a matear y a compartir el pan que con su familia hacen en el horno de barro que armaron. Pronto nos fuimos acomodando para escuchar la actividad que retomaba el tema del reciclaje trabajado hace una semana. Comenzamos hablando sobre qué elementos que desechamos a diario y que sin embargo, con un poquito de ingenio podemos reutilizar para poner más linda a nuestra “Paloma en la Flor”.
Llegamos a la conclusión que el trabajo realizado con los móviles con tapitas era reciclar, que el papel maché de la semana pasada también fue reciclar, y que no nos costó nada. Luego de hablar de las infinidad de cosas que podemos hacer con desechos partimos inmediatamente a armar avioncitos de cartón que luego colgaríamos en el techo. Iván desafió todas las leyes, y le puso un motor de fierro a su avioncito “para que la hélice tuviera motor de verdad”. Otros a partir de echar andar su imaginación propusieron hacer basureros reciclados, hechos de baldes o tarros que encontremos cerca de la Villa tirados.
Aunque parezca lejano poder limpiar el mundo desde este asentamiento lleno de olvidados y empobrecidos, ubicado en el interior más profundo y hundido de Nuestra América, no hay que olvidar que “no hay nada más anti-ecológico que un infeliz”, y por infeliz no entendemos exactamente al tipo que no puede ser feliz. Más bien llamamos infelices a todos esos sujetos que se esconden bajo corporaciones y empresas desde donde hacen la guerra, contaminan nuestros ríos, suelos y cielos y le ponen precio a la dignidad. Sabernos dignos y capaces de poder elegir como queremos vivir, comprendernos con derechos a un aire puro, a un río sin veneno y a una tierra bondadosa alejada de cualquier futura desertización por un inescrupuloso abuso y sentirnos capaces de mejorar las cosas, practicar la transformación aunque sea chica, aunque sea poca, en nuestra “ Paloma en la Flor”. Lo importante esta en desenlazar un proceso ecológico de la memoria histórica, lo emocional, la voluntad, lo intelectual, en pocas palabras, reciclarnos y recuperar ese brillo que es lo humano que aún nos queda para rehacernos en nuevos y nuevas hombres y mujeres, esperanzados y llenos de ganas de limpiar el mundo de los infelices que hoy impunemente lo manchan con dinero, veneno y sangre. Así entendemos la ecología.

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