viernes, 8 de octubre de 2010

RENACE LA ESPERANZA

El sol despierta lentamente, el llegar de la primavera hace florecer lo que parecía muerto. El siempre verde se encuentra rejuvenecido, no deja nunca de nacer, pero el estar acompañado le permite encontrar más alegría, mayor vida.
Como cada domingo, desde hace más de dos años, llegamos al comienzo de ese camino que recorre las entrañas de Villa Sur Oeste. El transitar ese sendero en primera instancia paraliza, nos sigue costando el entrar sin prejuicios, “el que dirán”, “el no te metas”, “el para que los ayudas”, “el quedate en casa, no vallas”, juegan siempre en contra. Sin embargo seguimos yendo.
Paulo Freire expresaba que uno de los motores que mueven al ser humano es la esperanza, un hombre des-esperanzado es un hombre sin vida, sin presente y sin futuro. Es esa esperanza la que nos permite reconocer que es posible transformar la realidad. Esperanza de que todo salga según lo planificado, que nuevamente podemos encontrarnos con el otro y en el otro. Esperanza de dejarnos sorprender, de no perder la capacidad de asombro, de endurecerse sin perder la ternura. Esperanza que permite imaginar utopías posibles, completar sueños incompletos que dieron sus
El preparar la comida, ayudar a los pibes con las tareas del colegio, armar móviles con materiales reciclados, compartir charlas, experiencias y alguna que otra pelea de amigos, todo, completamente todo fomenta esa esperanza, la hace renacer.
La mañana transita tranquilamente, el medio día nos encuentra compartiendo el puchero de papas, cebolla, zanahorias, zapallo y carne preparado por uno de los cumpas.
Pasado el medio día, llega la hora de levantar los plato, algunos empezamos a jugar en los juegos del parque de la villa, otros limpiamos la mesa y los platos. Las risas ganan la calle, chicos y no tan chicos se divierten, comparten travesuras.
A unos pocos metros del salón Iván, uno de los compañeritos de la villa, prende el horno de barro con el que luego se cocinaran los panes preparados por sus padres que él luego saldrá a vender por los barrios cercanos a la villa. El resto de los cumpitas comienzan a realizar una de las actividades planificadas para esté domingo. Desde hace varias semanas venimos descubriendo las potencialidades que tiene ciertos materiales que habitualmente desechamos a la basura de ser reciclados. En esté caso la idea fue de que cada chico pueda armar zancos con latas de conserva para luego realizar una carrera de zancos, la cual fue todo un éxito.
El olor a pan orneado invadía el paisaje primaveral del barrio. La leche casi lista y las facturas invitaban a que nuevamente nos reunamos alrededor de la mesa. Uno de los paraísos es el lugar elegido para compartir la merienda. Con la leche servida el silencio se apodera de cada niño, solo se escucha el cantar de la naturaleza.
La tarde sigue su transitar,terminada la merienda vuelven los juegos, el compartir fraterno continua presente. La tarde lentamente llega a su fin, otro domingo concluye, una nueva primavera llega a su fin.
Al comenzar estos pequeños párrafos exprese que la primavera hace florecer lo que parecía muerto. El capitalismos en cada faceta de su quehacer cotidiano nos va matando la esperanza, nos vuelve seres incapaces, sin imaginación, amorfos y fatalistas. Nada puede ser cambiado, modificado y mucho menos transformado. El trabajar con otros y por otros, compartiendo experiencias, puntos de vistas, alegrías y tristezas nos devuelve aquello que el capitalismo nos roba. El ir al barrio, el ser CTA, el encontrarse con el otro en la organización de una copita de leche renueva la esperanza. Es así que cada domingo, desde hace más de dos años, la primavera nos visita renovando la esperanza de que la realidad puede ser transformada en el encontrarse con esa otredad utilizando a la organización como herramienta de lucha.

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