martes, 19 de octubre de 2010

ELÉVATE CONMIGO

Las tradiciones son como árboles invisibles que se ramifican constantemente. Disfrutamos la sombra que ofrecen, pero pocas veces nos preguntamos cómo crecieron o quién los plantó. Casi nunca tenemos en cuenta sus raíces, aunque se sabe que a través de ellas los árboles reciben una parte importante de los nutrientes que necesitan para mantenerse vivos. Al igual que los árboles, nuestros pueblos a lo largo de su historia han mantenido con la llama de su alegría, tradiciones populares que pocos saben donde tienen su origen auténtico.
Es por esta razón que la CTA Castellanos decidió, en una de las actividades planeadas para las actividades barriales, recuperar los juegos perdidos que forman parte importante de nuestra tradición histórica. Enmarcado en el mes del reciclado, estipulado para las dos copas de leche, nos propusimos también reivindicar los zancos como elemento popular e instrumentos que han sido utilizados por nuestra gente para traspasar ríos, recorrer largos trayectos, recolectar frutos, vigilar el ganado, y que forman parte del folklore de nuestros pueblos. Fueron recuperados por los chicos que asisten a las copas para jugar y divertirse.
El sábado 16 de octubre, luego de tomar la leche que preparo Vanesa, compañera dueña de la casa donde funciona hace mas de un año y medio la copa de leche “Estrella Azul”, nos abocamos a la tarea de construirnos nuestros propios zancos con materiales reciclados. Para ello utilizamos latas de conserva que consiguió Nico, cumpa que trabaja en la recolección de residuos y comenzamos la tarea de agujerear los tarros y destinarle hilos a esos agujeros para que los chicos puedan sostenerse de ellos.
Constituidos todos los zancos, el próximo y no menos dificultoso paso fue hacer equilibrio para luego comenzar a caminar en la altura de las latas-zancos. Una vez que los chicos se volvieron paisanitos en el arte de caminar sobre estos artilugios, propusimos carreras grupales de zancos. El desenlace de la jornada fue el que imaginábamos: con la panza doliéndonos de tanto reírnos, con un par de rodillas peladas a causa de los estrepitosos tropezones para nada peligrosos y con la alegría de pasar un sábado mas junto a nuestros amiguitos reforzando lazos de confianza y compañerismo.

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