viernes, 8 de octubre de 2010

HUELLAS POR EL CAMINO

El pasado martes 5 de octubre se llevo a cabo el conjunto de actividades obra de títeres-mural enmarcado en el programa que la CTA Castellanos posee para las escuelas rurales de la región.
Con el aval de la experiencia acumulada anteriormente en la escuela rural de Campo la Nieve en Ataliva Norte, afrontamos este nuevo desafió con el mismo compromiso de siempre y con la esperanza de corregir errores lógicos del “debut”.
La mañana comenzó fresca y el lugar a campo abierto donde se encuentra emplazada la escuela no ayudaba a los friolentos que intentaban resguardarse del viento que soplaba. Para romper el hielo imaginario que los separa a los chicos de los nuevos forasteros, nos empezamos por presentar para luego pasar a tener el título de conocidos. Acostumbrados a tratar con niños "preguntones", estos nuevos compañeritos nos sorprendieron por la increíble capacidad de mantenerse atentos y en silencio a lo largo de las actividades corporales que teníamos planeadas para entrar en confianza.
Pasada esta etapa de desenvolvimiento físico, el compañero Carlos “Indio” Solari, artista plástico, comienza a coordinar parte de la actividad que consiste, en primera instancia, en dibujar en un gran afiche el paisaje que rodea al establecimiento para más tarde plasmarlo en una de las paredes de la escuela, todo esto trabajando mancomunadamente con alumnos y docentes.
Concluído el dibujo de los chicos, continuamos charlando en la antesala del espectáculo de títeres. De está forma preparamos el ambiente para que los pibes vayan sabiendo e interesándose en la humilde obra que está por comenzar y preguntamos si alguien de la audiencia escolar conoce sus derechos o si tienen entendido que es un derecho. Los títeres salen a escena y las risas no se hacen esperar.
Paralelamente a la función, el “Indio” pone a punto la pared donde una vez finalizada la obrita se procederá a pintar lo anteriormente ilustrado en el papel. Al término de la función, los títeres salieron a saludar a los chicos, y entre risas y besos, se habló brevemente sobre lo importante de hacer cumplir los derechos que todos los chicos del mundo debieran disfrutar.
Más tarde, junto con el desayuno, llego la hora de pintar el mural y consecuentemente mancharnos ropas, manos y caras con pintura de todos colores. Alba, directora de la escuelita, observaba con ojos desconfiados como se iba gestando el paisaje que los chicos le estaban imprimiendo a la pared más visible del edificio escolar, pero con el correr del tiempo también ella se sumó, aportando pinceladas y garabatos al mural, dejando de lado temores entendibles, cuando notó que lo que parecía un minestrón de dibujos se transformaba casi mágicamente en una obra de arte hecha por sus propios alumnos.
Con el tiempo justo llegamos a terminar el mural que con su monumentalidad le da un toque fresco y especial a la escuela y se complementa con el panorama campestre de los alrededores.
Finalizado el ritual diario de arriar la bandera argentina, nos despedimos de los chicos que son retirados por sus padres y observamos atónitos porque la escuela “Jerónimo Espejo” del pequeño poblado de Estación Roca aún sigue siendo una escuela de campo: en el potrero que se encuentra pegado al establecimiento uno de los chicos, muy serena y pacientemente, ensillaba y le ponía el recado al caballo que utiliza todos los días para venir a clases y que recorre 14 kilómetros cotidianamente. Luego de presenciar este valeroso y sacrificado acto emprendimos nuestro viaje de regreso en auto, pensando para nuestros adentros las comodidades con las que contamos todos los días y no tenemos un segundo para reflexionar la suerte que hemos tenido en vivir esta vida, totalmente frenética y atestada de estos lujos.




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