El mural terminado adorna el pasillo que conduce al alumnado hacia el patio de la escuela. Cada chico al pasar por ese lugar reconocerá lo pintado como algo suyo, más de 90 chicos, en forma conjunta con docentes y compañeros de nuestra central, hicieron su aporte creativo a semejante obra de arte.La tarde comenzó llegando medio día. Docentes nos recibían con algo de desconfianza, lo cual es lógico en este mundo en el cual vivimos en la confianza es algo bastardeado hasta más no poder. Suena el timbre de entrada. Nosotros, compañeros de CTA Región Centro, somos presentados a los alumnos por María Eugenia, Directora del establecimiento.
El primer paso dado son las dinámicas de presentación. Chicos y grandes nos entremezclamos, nos vamos conociendo, nos reconocemos, una locomotora descarrila; niños y niñas que se transforman en motos, cuatriciclos, flores, aves; un colectivo que realiza una parada sorpresiva; alumnos con memoria prodigiosa, todo forma parte de esta forma de conocernos. Luego nos sentamos frente del retablo, esperando ansiosos la llegada de los títeres que se hacen demorar.
Se siente un grito, Caito cae desde alto estrellándose contra el piso. Se levanta lentamente, se queja del dolor, llora, se encuentra asustado. De repente aparece Don Braulio, viejo gruñón y casca rabia que termina dándole una mano al joven Caito. Los títeres, con su obrita a cuestas, son el disparador para seguir trabajando. Los Derechos del Niño y la Adolescencia nombrados por Don Braulio representan el deber ser, el ideal a alcanzar, aunque en la mayoría de sus prácticas son confusos desde su misma concepción porque no reflejan la realidad que viven muchos de los niños y jóvenes de nuestro país y América. Terminada la obra ambos títeres salen a saludar a los chicos, los más chicos no salen de su asombro al ver a dos personas tan chiquitas, los más grandes ríen y luego le pedirán a Mati y Leo que hagan las voces de los personajes una y otra vez.
Empiezan a pitar los más chicos, los niños del preescolar se encargan del marrón del suelo y el verde del pasto. A partir de ahí pasarán más de 90 chicos, desde primer año a séptimo año, plasmaran en la pared una gran diversidad de colores haciéndose dueños del derecho que tiene todo niño y niña de expresarse.Los manchones en la pared rápidamente van tomando forma, a los niños se suman las docentes que también realizan su aporte.La tarde llega a su fin con el mural plasmado en la pared, la realidad ha sido transformada, esa pared ya no se ve como antes y dicha transformación la realizamos entre todos, grandes y chicos, docentes y no docentes, propios y extraños.
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