Después de habernos morfado todo el arroz con carne a la hora del almuerzo, salimos de la Copa y nos sentamos en circulo para poder charlar sobre lo que estábamos esperando hace ya dos semanas: La obra de títeres y el mural. Además los titiriteros aprovecharían ese rato para montar el retablo y preparar a los personajes. Los más grandes, como Brian y Sergio, ayudaban a los titiriteros a mantener el orden entre los changuitos que se avivaban e intentaban meterse a la copa a chusmear.
En la ronda, habíamos comenzado hablando de Los Derechos, en ese momento un par de pibes nombraron los que sabían, intentamos definir por nuestras propias palabras lo que significaban Los Derechos para nosotros, en ese sentido descubrimos que tenemos derecho a la expresión y a pensar como queramos, y que en ese mismo instante podíamos ejercer ese Derecho pintando con nuestras propias manos las cosas que queramos. Decidimos inmediatamente salir a recorrer la Villa en busca de elementos que podamos representar en las chapas frontales de “La Paloma en La Flor". De inmediato el árbol de mora, ubicado a un costado del camino, fue elegido para ser pintado, nos detuvimos no solo para observarlo sino también para compartir las primeras moras del año. Ya elegidas las cosas que dibujaríamos, nos vamos a sentar bajo el paraíso, el calor no daba para más. Otros mientras se tiraron acostados entre los yuyos chupando los tallos de algunos yuyos para refrescarse. El paisaje de la Villa no es la que se ve siempre en las ciudades, o en los barrios con pavimento, es otra vida la que habita: más pobre (no hay luz, ni agua, ni viviendas de material) pero también más rica en algunos aspectos.
Podemos imaginar por ejemplo a un pibe viviendo en alguna gran ciudad con todos los servicios básicos y comodidades pero es probable que ese pibe jamás haya tenido la oportunidad de treparse a un árbol a buscar moras y naranjas, o de tener hectáreas de llano para él y sus amigos para jugar y elevar barriletes, la oportunidad de pasar el verano completo corriendo descalzo con una gomera tras las aves o la simple posibilidad de echarse una siesta entre yuyos y sombras sin que nadie diga nada. De esto y otros muchos elementos se fue constituyendo el Mural que luego de terminada la Obra de títeres, donde Caito y Don Braulio fueron conocidos por los pibes de la Copa, comenzamos a dibujar y a pintar con el “Cumpa” Carlos "Indio" Solari, quien ayudaría y guiaría a los chicos a la hora de trazar los dibujos y darles proporción. Pasando la tiza sobre las chapas rotas y oxidadas, los changos, sin timidez, se pusieron a crear el mural. Rápidamente fue apareciendo el rostro de la Villa: el ancho suelo rojizo y sus yuyos con flores, y el inmenso cielo telón de celeste con nubes y muchos soles.
Los molinos en las tierras del “gringo” donde antes había quiera buscar agua, no podían faltar, altos y amarillos, despegados del suelo como queriendo irse con el viento. Los arboles con moras y otras cosas ricas, y nuestra Copa protegida por un sol luminoso que no va a apagarse. Los niños también tienen derecho a expresarse, los pibes tienen derecho a decir que les sucede en la pobreza, el ciudadano común que venga por primera vez la Villa Sur-Oeste verá solo la basura, los escombros, los hoyos de las ropas y las caras sucias, pero cuando comience a entrar y compartir en la mesa dominical los ricos almuerzos, cuando conozca los sueños, las vidas y gustos de los changos ya no verá solo la pobreza, sino comenzaremos a comprender como se hace para vivir en ella, que es lo que mantiene de pie a hombres y mujeres entre tanta basura y engaño, y nos daremos cuenta que el mural de los changos de "La Paloma en la Flor", es la dignidad en colores.


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