domingo, 30 de enero de 2011

CON AIRES DE ESPERANZA

El pasado domingo nos reunimos en la sede de la CTA Región Centro y partimos hacia la Villa Sur Oeste, lugar en el que hace más de tres años trabajamos junto a los vecinos, en la construcción de una organización barrial capaz de defender sus derechos como ciudadanos. Frente a una ciudad, en la que la dirigencia política se ha olvidado que los derechos son universales, nos unimos y trabajamos para obtener agua potable y mayor acceso a salud y educación, entre otras medidas y políticas públicas que están desarrolladas a lo largo del país, excepto en nuestras periferias.
Además, junto a los adultos, construimos un espacio donde los más pequeños se acercan a compartir un almuerzo, a realizar las tareas escolares, a divertirse pero también a aprender, jugando y conversando sobre los valores fundamentales para la construcción del nuevo hombre.
Hace ya varias décadas que están empeñados en desmoralizarnos sistemáticamente, quitándonos las esperanzas de un futuro mejor y destruyendo los lazos humanos y de cooperación que históricamente existieron en nuestros pueblos. Pero nosotros no creemos que esta situación sea irreversible, tampoco creemos que estamos solos como el Quijote, luchando contra molinos de viento, sino que somos parte de un proyecto nacional y latinoamericano con el que estamos atravesando un momento histórico que no podemos desaprovechar, y que además nos desafía a redoblar la apuesta y a multiplicar el trabajo.
Entonces, el pasado domingo, a pesar del sol fuerte que secaba la tierra, al mediodía un grupo de compañeros salimos a recorrer la camino, nos detuvimos en cada hogar a compartir unos mates, y a conversar sobre diversos temas, sobre la cotidianeidad, sobre las necesidades, los proyectos, y los planes conjuntos que encararemos en el 2011.
Mientras tanto, otro grupo de compañeros preparaba unos exquisitos tallarines con tuco. Cuando llegamos con todos los niños, dicho majar estaba preparado, listo para degustar. Nos lavamos las manos, pusimos la mesa y nos sentamos a disfrutar. Después de la sobremesa, los más inquietos salieron corriendo al camino para comenzar con algunos juegos, los más perezosos se sentaron a la sombra para realizar tareas más tranquilas como el ta te ti o dibujar.
Antes de la merienda una guerra de agua nos sorprendió a todos, al fin algo fresco cayó sobre nosotros, los cuerpos parecía reenergizrse, los niños corrían aún más y sus risas sonaban más fuertes invadiendo todo el espacio. Así fue como llego la chocolatada fresca con facturas y todos húmedos la recibimos a la sombra.

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