
El primer día del año había caído con tormenta y todo, lluvias y vientos que dificultarían la entrada al barrio mañana, pensabamos también que nuestra pobre copa, azotada por los vientos de tormenta anterior había quedado sin una parte del techo en la cocina, y que con el aguacero de aquel sábado, el interior quedaría repleto de barro. Para nuestra sorpresa, la tormenta le había pasado por el lado a la Villa Sur-Oeste, y tan solo había caído alguna que otra gota, pero nada grave. Al llegar de inmediato nos organizamos, para poder techar la cocina mientras otros cumpas se encargaban de hacer la comida. Marisa, que vive a unos metros de La Casa CTA, que ya nos había acompañado en navidad a las copas de leche a entregar los regalos a los más de 150 chicos que asisten semanalmente a las distintas copas de leche (Copa de leche del asentamiento del Barrio Italia, Copa-comedor “La Paloma en la Flor” del asentamiento Villa Sur-Oeste, Copa de leche “Los Chiquilines” del Barrio Villa Dominga y Copa de leche “Estrella Azul” del Barrio Barranquitas) se encargó de la preparación del almuerzo, así mientras cocinaba charlábamos y nos íbamos conociendo un poco más entre todos, de esta manera fuimos compartiendo no solo el laburo de la preparación de esos fideos sino también la historia y vida de nuestra vecina, que era hasta la semana de navidad tan solo la vecina y madre de una de las chicas que participa del taller de serigrafía que se imparte semanalmente en La Casa de la CTA gratuitamente. Marisa, a través de su hija y nuestra página en Facebook estaba al tanto de todo el laburo que sostenemos desde la CTA, y de la recolección de juguetes que estábamos llevando a cabo por esa fecha, por lo que se acercó hasta La Casa a donar algunos juguetes que luego llevaríamos junto con ella en las copas y comedores. Desde aquella experiencia, Marisa quedó encantada y con ganas de acompañarnos el próximo fin de semana a la Copa de Leche de Villa Sur-Oeste.

Como cada domingo por la mañana algunos cumpas fueron a buscar a los pibes a sus respectivas casas, quienes los recibían contentos y ansiosos para compartir los juegos y las actividades que organizamos durante la semana. Luego de haber comido los deliciosos fideos que cocinó Marisa junto al cumpa Mario, nos fuimos asentar a la fresca sombra del Paraíso que se encuentra frente a la copa. Pronto y luego de descansar un rato, comenzamos la “refrescante” actividad que teníamos preparada. Nos dividimos en 5 parejas quienes nos sentamos uno frente al otro, cada pareja tenía su grito, el cual debía gritar lo más fuerte posible. Cada pareja hacía sonar con todas sus fuerzas su grito “¡ACHA!” decían los primeros; “¡ECHE!” contrarrestaban los segundos a los primeros; “¡ICHI!” los terceros se hacían sentir, “¡OCHO!” casi la garganta se les salía; y “¡UCHU!” repetían una y otra vez la ultima pareja. Así todos mientras concentrados gritaban lo más fuerte que podían, algunos cumpas que trajeron unos baldes llenos de agua, que al momento de gritar la segunda pareja su grito “¡ECHE!”, ellos muy obedientes “ECHARON” toda el agua de los baldes en los respectivos cumpitas que pedían a gritos que le “ECHEN” y “ECHEN”. Las risas habían explotado, algunos se agarraban el estomago para sostener las carcajadas, ninguno de los mojados, esperaba tanta agua encima de sus cabezas en un día tan caluroso, aunque terminaron de reconocer que les vino muy bien.

Luego de la actividad entramos a la copa para tomar la chocolatada fría y comer facturas, y compartir una linda charla. Ya al finalizar la jornada, nos quedamos un rato más jugando al “reloj” con una soga y una zapatilla amarrada, que va girando para que los otros puedan saltar o caerse, este es otro juego más que saca todas las risas, y nos van dejando un poquito más livianos, y tranquilos, hasta felices, y así nos vamos yendo, y despidiendo de los pibes, que seguramente aún se estarán acordando del “chico baño que le dieron al mauri y al juancito”.
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