miércoles, 19 de enero de 2011

ESTAR A LA PAR

En el día más sofocante del año (y quizás también del pasado 2010) los compañeros de la Central de Trabajadores Argentinos de la Región Centro de Santa Fe nos levantamos de nuestras camas y, algunos a pie, otros en bici, nos reunimos en el punto de encuentro, nuestra casa de la CTA . Ultimamos detalles relativos a la organización y salimos a poner el cuerpo al laburo barrial que sostenemos los domingos en 2 de las 4 copas de leche en donde estamos trabajando.
Ya listos para emprender el largo recorrido fue necesario hidratarse bien, calzarse gorras y cargar el hielo dudando de su resistencia después de media hora de viaje en el canastito de la bici. Cuando estábamos por cruzar la ruta nacional 34 que nos separa de la Villa Sur Oeste nos topamos con dos cumpitas, vecinos del asentamiento, que como todos los días salen a vender el pan casero que hacen sus papas para subsistir y que ellos con mucha responsabilidad y constancia se encargan de encontrarles comensales sin importar si el clima favorece su pequeño negocio.
Llegar al ranchito que hace de copa-comedor fue un alivio porque aunque sea integralmente de chapa, nos resguardaba del viento norte y del fuertísimo sol de la intemperie. Fue tal el paliativo que sentimos al entrar a “La Paloma en la Flor”, que personalmente el cronista admiro y valoro genuinamente la lucha de todas las personas sin techo digno y el rango de importancia que muchos le dedican toda su vida a ese derecho fundamental de la gente.
Es necesario destacar que la unidad habitacional no es sólo una construcción, un hecho físico, sino también un espacio de inserción social de las personas, en la medida en que forman parte del sistema de vínculos que conforman su ambiente físico-cultural. Es por ello que nuestro respeto hacia el vecino que vive en la villa sur oeste se vuelve aún mas profundo cuando vivimos en carne propia una y solo una jornada por semana con luz de día y con ese calor intratable, ya que ellos sufren la falta de una hidratación fresca, la falta de luz eléctrica, la sanidad elemental que merece todo ser humano e incontables y tal vez invisibles faltas a nuestros ojos vistas. Pero seguramente una de las más dolorosas es la exclusión de un nicho social que les queda a kilómetros de distancia, que los hace ser de “allá” y no de “acá”. La falta de empleo, las diferencias en las posibilidades de acceso a la educación, a la salud, y la desigual distribución de la producción social se relacionan directamente con el problema de la vivienda y con el lugar donde se encuentran emplazados nuestros compañeros del asentamiento.
Retomando la crónica cronológicamente, al llegar a la copa rápidamente Marisa, compañera con mucha experiencia militante pero que esta dando sus primeros pasos y haciendo su propio aprendizaje en el trabajo barrial junto a la CTA, se ofrece instantáneamente a cocinar su guiso, que, cabe destacar, a los chicos les parece el mejor y esa opinión se argumenta con la olla vacía y limpiadita con pan.
Mientras tanto los compañeros restantes organizan un campeonato de ta-te-ti que será furor entre los pibes al darse cuenta de algunos trucos y trampitas del popular juego y al comprobar también que es imposible jugar a algo que involucre sus aptitudes físicas a causa de las altas temperaturas y la baja presión del ambiente que nos aplasta a todos en nuestros banquitos y nos dice que hoy la actividad es únicamente didáctica.
Nuestra jornada barrial termina abruptamente y sin poder servir la leche cuando el viento cambia de norte a sur violentamente y se desata una tormenta que nos baña primeramente en tierra al querer huir hacia nuestras casas y luego con un mini chaparrón que igualmente nos deja hechos sopa antes de llegar a destino.

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