viernes, 14 de enero de 2011

A LA PECHERA, PELOTA Y CORRIDA BAJO EL SOL...

“Es hermoso el fútbol de la muchachada.
El fútbol amateur, el de los equipos de barrio.
El que se juega en canchas alquiladas.
O en los pocos potreros que nos quedan..”
Alejandro Dolina (extracto de “El Fútbol atorrante”)


-“Son las 8.30 y el sol pega fuerte. Imagínate lo que va a ser el día” -“y eso que hoy no sólo hay fútbol sino que estrenamos pelotas y pecheras” -“Linda tarde nos espera..” “Sisi..con todo” Fueron las primeras palabras que se escucharon el domingo a la mañana en la Casa de la CTA cuando nos encontramos con Damián a esperar que llegue el resto de la banda y salir para nuestra copa-comedor “La Paloma en la Flor”, la misma que en un par de meses cumplirá ya tres años de existencia en el barrio Villa Sur Oeste.
El mismo barrio en el que el día antes de navidad se le quemó por completo la casa al compañero Walter Okón, que vive allí hace cuatro años junto a sus hijos Brian y Gastón, y a su abuelita de 80 años y mucho por enseñar todavía.
Ellos que el día antes del tradicional festejo se quedaron sin lo único que tenían, luchan día a día para salir adelante. Se le incineraron ropa, documentos, herramientas de trabajo, entre otras cosas también muy importantes pero gracias a la solidaridad de los vecinos de Rafaela y la Región, compañeros de otras organizaciones, medios de comunicación de la ciudad y de muchas personas anónimas que con gesto amable se acercaron a colaborar, mantienen la esperanza de seguir adelante.
Como bien predecía Damián, el día hervía superando los 35º C de térmica. Pese a ello, el proyecto “La Paloma Fútbol Club” como lo llamara un compañero en anterior crónica, sigue en pie y fortalecido gracias al Club Atlético Rafaela que generosamente donó 5 pelotas y unas cuantas pecheras rojas y verdes para poder entrenar, como se hace en los grandes clubes profesionales de nuestro país. Antes del entrenamiento futbolístico, repasamos las tareas de verano de los chicos, cuando concluimos con los varones nos dividimos en grupos de verdes y rojos y comenzamos a entrenar: ejercicios de definición (con ambas piernas), de cabeza y pases cortos para anticipar el tan ansiado partido de la mañana.
En tanto, dentro de la copa un grupo de compañeros coordinó los juegos de acertijos, pinturas y laberintos con los más chicos y con las niñas, mientras el gran cocinero Leo hacia el guiso que pronto degustaríamos en la larga mesa del pan de nuestra copa-comedor.
Con la panza llena y la vajilla limpia, las niñas se acomodaron debajo de la sombra del “siempre verde” y se entretuvieron de la mano de la Ceci, por su parte la muchachada volvió al “campito” para seguir entrenando y algunos ponernos a punto físicamente, lo cual dudamos que ocurra.
Al término de un extenso primer tiempo bajo un sol que calentaba hasta los dientes, nos tomamos un descanso en la sombrita y aprovechamos para recuperar energía y llenar el buche. Es que Geri, argumentando cansancio y falta de entrenamiento físico pidió el cambio en un temprano primer tiempo para ir a preparar la chocolatada fresca. La misma venía acompañada de unas dulces facturas que comimos en busca de una recarga para continuar un duro segundo tiempo con algún padre que se enganchó a correr un rato.
Con el sol ardiendo todavía en el horizonte nos volvimos a nuestros hogares en busca de un descanso para el próximo entrenamiento dominical con los muchachos de la Villa Sur Oeste.

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