jueves, 10 de febrero de 2011

FIN DEL PRIMER ACTO

Penacho y Recambio siguen transitando los caminos de nuestra región levantando polvo, sembrando sueños y cosechando utopías. En Presidente Roca nos fuimos sacando los miedos, empezando a compartir con otros y encontrándonos con ese otro. San Antonio permitió la primera reformulación de la actividad, además del reencuentro de grandes y chicos, la posibilidad de que abuelos y nietos compartan experiencias en la misma plaza, punto de encuentro por excelencia en los pueblos. En Vila surge la expresividad del arte plástico, la primera corrida detrás de un balón en la semana y la magia de nuestra latinoamerica expresada en encuentros impensados, los cueles en nuestra Argentina se encuentran enmarcados en la parrilla, las brazas y la carne asada.
Coronel Fraga es el próximo punto de encuentro, los caballos son amarrados a la carreta. El lente de la cámara registra todo, cada paso dado, determinando que fragmento de la realidad se muestra y cual se deja de lado. Saludamos a Dolores, tía de Martín -compañero de nuestra central-, que horas antes, cuando millones de estrellas iluminaban en cielo, nos había deleitado con un majestuoso asado, el cual compartimos con su familia en una mesa que superaba a un veintenar de compañeros y compañeras. En esa mesa descubrimos, gracias a la magia y lo místico que tiene latinoamerica, que Luis, uno de los conductores de la carreta, es pariente lejano de Martín, que Dolores fue en su infancia y adolescencia intima amiga de la madre de Leo, otro compañero de CTA. Todo pasado refleja nuestro presente, lo condiciona.
Siete kilometros separan a Vila de Coronel Franga, el cual según ciertos datos obtenidos, es el pueblo más chico por el que pasara la Carreta de los Sueños. Luis lleva los caballos a paso lento, el horario de salida fue alterado, los “bichos” no deben cansarse.
Llegar a Fraga representa el comienzo del final de este primer paso dado. Nos instalamos a la sombra de algunos árboles, bañamos a los caballos para que se refresquen y se estabilice la temperatura de sus cuerpos, luego les damos agua y los dejamos atados de uno de los arboles. Tiramos una de las frazadas al piso y protegidos por la sombra compartimos unos mates esperando la llegada del presidente comunal, el cual al llegar nos comenta que la actividad planificada se realizara en el centro comunitario, que se encuentra frente de donde estábamos.
Lentamente empezamos a preparar el lugar. Primero se arma el sonido y el retablo, luego se empieza a acomodar las sillas, abrir los ventanales para que lentamente la música despierte a los vecinos de Fraga.
La música, a medida que transita por los aires del pueblo, va llamando a los más chiquitos que se acercan, tímidos y algo dormidos. Luis, Dami y Leo salieron a recorrer el pueblo en carreta acompañados por Don Zoquete y Serrucho quienes saludaban a los vecinos quienes miraban con sorpresa el caminar de Penacho y Recambio. Al llegar nuevamente al salón, nos esperaban afuera los chicos quienes miraban con asombro como Luisito tiraba de las riendas y los caballos frenaban su marcha.
Don Zoquete los recibía a los gritos, mientras conversaba con Martín. Luego se sumaban a la charla Mati y Leo, quienes jugando con los chicos y con la ayuda del presidente comunal, imaginaban ruidos provocados por dragones y ratones gigantes que se encontraban en el sótano. Los chicos miraban con intriga, imaginando lo que estaría ocurriendo en ese lugar.
A medida que transcurría la charla se acercaba la hora de llegada de Caito y Don Braulio. Antes de que esto ocurra, Serrucho de la mano de su titiritero y acompañado por los chicos presentes en el salón comunitario salieron del mismo para buscar a los dos personajes de la obrita. Minutos después volvimos al salón comunitario y luego de revisar el salón se escucho la voz de Caito que caía de su cuento, se siente el silbido de Braulio y los chicos comienzan a reír, mientras compartían la leche chocolatada, acompañada de facturas.
Terminada la obrita, tanto Caito como Don Braulio salieron de detrás del retablo y siguieron conversando con los chicos que reían al ver interactuar a los títeres con sus titiriteros. Al pasar los minutos la ansiedad de subir la carreta fue conquistando a los niños y niñas que de a grupos empezaron a pasar por las calles de Coronel Fraga con las Carretas de los Sueños.
La tarde comenzó a llegar a su fin, los chicos se despedían y los cumpas empezábamos acomodar las cosas que se cargarían minutos más tarde en le chata de la familia Ferreyra.
Penacho y Recambio empezaban a caminar lentamente, tirando la carreta y acompañados por Luis y Martín, el destino era volver al punto de comienzo, Presidente Roca, dejar los caballos y la carreta en este pueblo para seguir camino hacia Rafaela.
El final de esta primer recorrida por los pueblos de nuestro departamento se transformaba en un realidad. El recorrer los caminos de nuestra zona, encontrarnos con compañeros y compañeras que mediante un gesto amable y desinteresado posibilitaron la concreción de lo imaginado y pergeñado en una noche de invierno por dos compañeros. La Carreta de los Sueños representa mucho de lo que aquella noche se empezó a imaginar, las ganas de transformar la realidad volviéndola más justa, el anhelo de encontrarse con otros y en otros, reconociendo la importancia de fomentar y acompañar procesos participativos, en donde la organización de los sectores más vulnerables sea puntal en la humanización del todo ser que imagine la utopía materializada de vivir en un mundo mejor.

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