martes, 15 de febrero de 2011

LÁGRIMAS DE ALEGÍA

Al ser cortada la cebolla larga un asido, el cual provoca en el cocinero que la está picando una picazón en los ojos lo que desencadena lágrimas. Se dice que hasta el más fuerte de los hombres llora por una cebolla. No se preocupe señor o señora lector que no voy a dar clases cocina pero por ahí las lágrimas provocadas por la cebolla nos ayudan un poco para que usted y nosotros nos encontremos o por lo menos me ayudan a mi para poder escribir un par de lineas.
Sandra agarra el cuchillo, pela las cebollas, las corta y las pone a reogar. El asido largado por esta raíz no solo le provoca lágrimas a ella sino a una de sus hijas que la esta ayudando en la cocina mientras que el resto de los compañeros ayuda a los chicos con las tareas, juega a la pelota o comparte la experiencia de pintar con los más chicos.
Sandra es madre de 7 chicos, seis mujeres y un varón. A su vez ya es abuela y como se comprobara en unos minutos gran cocinera. A medida que cocina el guiso conversa con el cumpa Martín, Sandra pregunta todo, quiere despejar las dudas que tiene. Le cuenta a el cumpa, cuales son sus ideas, sus sueños, seguramente al hablar imagina utópicas por cumplir. Nos cuenta que cada viernes, con la ayuda de más de 10 madres a las cuales ella coordina, prepara el almuerzo para más de 300 chicos en un comedor que funciona de Lunes a Viernes en el barrio Villa Podio mediante la modalidad de viandas, cada chicos busca su merecido alimento para compartirlo con su familia. A su vez expresa que el domingo es un día para disfrutar la familia pero el espíritu solidario, las ganas de ayudar de manera desinteresada y el anhelo oculto de transformar la realidad la motivaron para acompañarnos este domingo a la villa.
El guiso va tomando forma y sabor, los olores al mezclarse desencadenan aromas en el aire que hacen desear la llegada del medio día y así alimentar nuestro cuerpo. Dejamos la pelota, los colores y las hojas por un lado, preparamos la mesa, nos lavamos las manos y esperamos ansiosos la comida. El grito “a la mesa, la comida está lista”, nos encuentra a todos sentados, vamos pasando los pasando los platos, damos los primeros bocados y de manera inmediata aplaudimos a la cocinera del día de la fecha.
Ya todos sentados, nuestra chef, empieza a chalar con los cumpitas, les remarca la importante tarea que se realiza cada domingo en la Villa Sur-Oeste, les cuenta lo orgullosa que se encuentra al ver a sus hijos crecer, al observar como “están siendo” en este mundo y agradece por la mano que desde CTA se les da a sus hijas a la hora del estudio.
Terminada la comida nos organizamos para lavar los platos y cubiertos. Mientras esto ocurre Leo recorre el camino que recorre la villa, en busca de papeles (presupuestos y fotocopias de documentos) que los vecinos deben presentar para ser beneficiarios del plan “Talleres Familiares” el cual es otorgado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación , conversa con un par vecinos, los cuales le comparten un poco de carne asada y jugo bien fresco. Al volver de su recorrida, nuestro cumpa se encuentra con Martín que hacia de guía para que Sandra y una de sus hijas conozca el largo kilometro en el cual se encuentra la Villa Sur.
La tarde seguía su curso, los juegos de mesa se hicieron presentes, el sol y los calores no son buenos amigos en este verano. Ya sin Sandra y parte de su familia (ya era tarde y nuestra cocinera quería compartir parte del domingo con el resto de su familia) compartimos la leche y las facturas, seguimos divirtiéndonos con los juegos de mesa y algún que otro valiente corrió detrás de la pelota, así la tarde en la villa fue llegando a su fin.
Al comenzar esté intento de escrito cronicado exprese que la cebolla larga un asido que provoca lágrima en los ojos, pero una vez reogadas aquella raíz larga un rico aroma que acompañado de los condimentos adecuados confecciona la base de una buena salsa o guiso u otra receta. Salvando las distancias este es un buen ejemplo de muchas de las cosas que nos pasan, la tristeza, expresada en la impotencia de una lágrima al ver las injusticias a las que estamos sometidos los hombres, nos pueden paralizar pero a su vez la tristeza de un acontecimiento determinado puede ser motor de transformación y puede desembocar en la alegría que provoca el encontrarse con el otro y con otros mientras saboreamos los los olores que despierta la cebolla al reogarse a medida que Sandra cocina el rico guiso que compartimos un nuevo domingo y con el cual transformamos la realidad.

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