El viernes muy temprano, cerca de las 4 de la mañana nos levantamos, y salimos para el corral en donde los caballos recuperaban fuerzas para el día siguiente. El encuentro fue más afectivo que otras veces, ya nos encariñamos con ellos y ellos con nosotros, los amarramos a la carreta y comenzamos un nuevo viaje, Vila era nuestro destino.En el camino fuimos turnándonos para ir sobre la carreta, mientras algunos acompañaban en bicicletas, a la par, atrás o delante de la carreta, parecíamos bichitos de luz que revoloteaban a ese sueño materializado.
Después de una hora de viaje, llegamos a destino donde nos esperaba Dolores y su familia, con facturas calentitas y unos mates para empezar bien el día. Es maravilloso llegar a un pueblo y ser recibido cálidamente por algunos de los vecinos, mejor dicho por compañeros que aportan a la construcción de este sueño y que solidariamente nos abren las puertas de su hogar y su familia.
Descansamos un rato y partimos para la plaza, una sombra tupida y amplia nos estaba esperando. Entonces comenzamos a armar: sacamos el retablo, pusimos el tablón, los parlantes y.. ¡la radio abierta se ponía en marcha!. Esta vez fue musicalizada por Martín y conducida por Don Zoquete (Damián), quien llamaba a los chicos que tímidamente se acercaban al lugar. Los más valientes se sentaron en el suelo cuando Zoquete empezó a contarles de donde venía, cuantos años tenía, porque estaba allí. Un dato interesante era su edad, tiene 200 años, así que conoció, por experiencia propia, la larga historia de los derechos de los niños.Después de esta rica charla, junto a Leo y Serrucho salimos a buscar a Don Braulio y Caito, que se decía que estaban escondidos en la plaza. Pero luego de una larga búsqueda descubrimos que nos llamaban desde el retablo, con inocencia de niños corrimos hasta allí para conocer a estos dos personajes.
Llegamos y nos sentamos a ver qué tenían para contarnos, mientras tanto, Luis servía chocolatada fresca y facturas para que disfruten con la panza llena.¡Y comenzó la función!!! Los chicos rieron, gritaron, se enojaron y aprendieron sobre los derechos que tienen como niños. Cuando finalizó la obra conversaron con los títeres. Por último, la ansiedad por una vuelta en carreta los terminó venciendo. Entonces un grupo fue a realizar este maravilloso recorrido mientras otros pintamos un mural que quedaría como recuerdo del paso de la Carreta de los Sueños por Vila. Más tarde, los grupos se invirtieron.
Finalmente, el número de gente que se había multiplicado, cerca de 50 niños y adultos estaban allí jugando, dibujando, tomando mates o paseando en carreta. Llegó el atardecer, repartimos las facturas que habían sobrado y partimos para la casa de Dolores donde cenaríamos y descansaríamos para recuperar fuerzas para el próximo viaje.



0 comentarios :
Publicar un comentario