La mañana del domingo despertó diáfana y excelente para actividades al aire libre.
Nos encontramos, pasadas las nueve de la mañana, en la copa “Los Enanitos de Colores”, los pequeños estaban esperando su copa de leche y facturas con marcas de almohada todavía en sus rostros. Algunos padres se encontraban también tomando unos mates y nos integraron enseguida a la ronda.
Desayunamos juntos, planeando algunos juegos que desarrollaríamos después, y enseguida Majo y su familia nos prepararon el equipo de música que supo operar Manu.
Los más chiquitos se sumaron enseguida al juego de “bailar sobre el papel”. El mismo consiste en bailar sobre una hoja de papel de diario desplegada mientras se escucha la música. Cuando la misma se corta los participantes deben quedarse quietos, entre todos constatamos quiénes pisan fuera del papel, quedando descalificados. Luego cada uno dobla a la mitad su hoja y el juego reanuda. Finalmente tuvimos una ganadora que supo bailar con gran astucia sin que sus piecitos salgan del papel.
Como ya estábamos con la adrenalina en el cuerpo, juntamos seis sillas de la copa e improvisamos una ronda con ellas para el juego de la silla que hicimos dos veces en el medio del predio, desde donde muchos padres podían ver a sus hijos corriendo, bailando y compitiendo por una silla, siempre acompañados por la música y los aplausos de algunos espectadores.
Uno de los “enanitos” propuso juguemos al pato ñato y enseguida se colaron unos cuantos al juego.
Paralelamente a todos estos juegos, un grupo de varones propuso ir hasta la cancha a “gastar” las ganas de jugar al fútbol. Nuestro compañero Luisito los acompañó y les dio demostraciones de resistencia, que los niños supieron valorar y que los incentivó enseguida para dar los primeros pasos en conformar un equipo de fútbol que represente a la copa.
En un momento nos juntamos los “chiquitos y los grandes” cerca de la cancha, bajo la sombra, y ahí comentamos acerca de la posibilidad de armar el equipo, del nombre que le podría y de los partidos que se podrían armar junto a los chicos de otras copas de leche en donde estamos trabajando.
Nos despedimos motivados y expectantes por el nuevo proyecto, y por percibir que cada día estos niños dan pasos seguros y felices hacia la construcción colectiva de una realidad mejor.
Desayunamos juntos, planeando algunos juegos que desarrollaríamos después, y enseguida Majo y su familia nos prepararon el equipo de música que supo operar Manu.
Los más chiquitos se sumaron enseguida al juego de “bailar sobre el papel”. El mismo consiste en bailar sobre una hoja de papel de diario desplegada mientras se escucha la música. Cuando la misma se corta los participantes deben quedarse quietos, entre todos constatamos quiénes pisan fuera del papel, quedando descalificados. Luego cada uno dobla a la mitad su hoja y el juego reanuda. Finalmente tuvimos una ganadora que supo bailar con gran astucia sin que sus piecitos salgan del papel.
Como ya estábamos con la adrenalina en el cuerpo, juntamos seis sillas de la copa e improvisamos una ronda con ellas para el juego de la silla que hicimos dos veces en el medio del predio, desde donde muchos padres podían ver a sus hijos corriendo, bailando y compitiendo por una silla, siempre acompañados por la música y los aplausos de algunos espectadores.
Uno de los “enanitos” propuso juguemos al pato ñato y enseguida se colaron unos cuantos al juego.
Paralelamente a todos estos juegos, un grupo de varones propuso ir hasta la cancha a “gastar” las ganas de jugar al fútbol. Nuestro compañero Luisito los acompañó y les dio demostraciones de resistencia, que los niños supieron valorar y que los incentivó enseguida para dar los primeros pasos en conformar un equipo de fútbol que represente a la copa.
En un momento nos juntamos los “chiquitos y los grandes” cerca de la cancha, bajo la sombra, y ahí comentamos acerca de la posibilidad de armar el equipo, del nombre que le podría y de los partidos que se podrían armar junto a los chicos de otras copas de leche en donde estamos trabajando.
Nos despedimos motivados y expectantes por el nuevo proyecto, y por percibir que cada día estos niños dan pasos seguros y felices hacia la construcción colectiva de una realidad mejor.



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