Rápidamente fundimos el cacao en la leche caliente y empezamos a repartirla entre tazas y mamaderas.
Mientras todos desayunábamos (con facturas y bizcochos incluidos), propusimos armar figuras con plastilinas que la compañera Cintia nos había proporcionado. Los varones “grandes” no aceptaron la propuesta al grito de “queremos jugar al fútbol profe!!!”. Así que Geri los acompañó hasta la canchita.
El resto nos quedamos imaginando, jugando, probando, disfrutando, compartiendo!
Los más chiquitos probaron por primera vez la sensación de modelar con sus propias manos y se sorprendieron con los colores, también con las bolitas y las víboras que podían formar.
A medida que sus creaciones fueron tomando forma, los cumpitas quisieron mostrárselas a sus papás, entonces se fueron yendo con sus tablitas y plastilinas.
Terminamos la jornada con mates y tortas santiagueñas que nos convidó Majo, charlando con los vecinos sobre los desafíos que les va imponiendo la vida en el asentamiento, los abusos sufridos de algunos compañeros en sus lugares de trabajo, y de las esperanzas y posibilidades que empezamos a ver y construir para una vida digna.



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