Nada importa saber o no la vida de cierta clase de hombres
que todos sus trabajos y afanes los han contraído a sí mismos, y ni un solo
instante han concedido a los demás; pero la de los hombres públicos, sea cual
fuere, debe siempre presentarse, o para que sirva de ejemplo que se imite, o de
una lección que retraiga de incidir en sus defectos. Se ha dicho, y dicho muy
bien, "que el estudio de lo pasado enseña cómo debe manejarse el hombre en
lo presente y porvenir"; porque desengañémonos, la base de nuestras
operaciones siempre es la misma, aunque las circunstancias alguna vez la
desfiguren.
Yo emprendo escribir mi vida pública -puede ser que mi amor
propio acaso me alucine- con el objeto que sea útil a mis paisanos, y también
con el de ponerme a cubierto de la maledicencia; porque el único premio a que
aspiro por todos mis trabajos, después de lo que espero de la misericordia del
Todopoderoso, es conservar el buen nombre que desde mis tiernos años logré en
Europa con las gentes con quienes tuve el honor de tratar cuando contaba con
una libertad indefinida, estaba entregado a mí mismo, a distancia de dos mil
leguas de mis padres, y tenía cuanto necesitaba para satisfacer mis caprichos.
El lugar de mi nacimiento es Buenos Aires; mis padres, don
Domingo Belgrano y Peri conocido por Pérez, natural de Onella, y mi madre, doña
María Josefa González Casero, natural también de Buenos Aires. La ocupación de
mi padre fue la de comerciante, y como le tocó el tiempo del monopolio,
adquirió riquezas para vivir cómodamente y dar a sus hijos la educación mejor
de aquella época.
Me proporcionó la enseñanza de las primeras letras, la
gramática latina, filosofía y algo de teología en el mismo Buenos Aires.
Sucesivamente me mandó a España a seguir la carrera de las leyes, y allí
estudié en Salamanca; me gradué en Valladolid, continué en Madrid y me recibí
de abogado en la cancillería de Valladolid.
Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera
que había ido a emprender, como el estudio de los idiomas vivos, de la economía
política y al derecho público, y que en los primeros momentos en que tuve la
suerte de encontrar hombres amantes al bien público que me manifestaron sus
útiles ideas, se apoderó de mí el deseo de propender cuanto pudiese al provecho
general, y adquirir renombre con mis trabajos hacia tan importante objeto,
dirigiéndolos particularmente a favor de la patria.
Como en la época de 1789 me hallaba en España y la
revolución de Francia hiciese también la variación de ideas, y particularmente
en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de
libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se
oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que
Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían
acordado en su establecimiento directa o indirectamente. Al concluir mi carrera
por los años de 1793, las ideas de economía política cundían en España con
furor y creo que a esto debí que me colocaran en la secretaría del Consulado de
Buenos Aires, erigido en el tiempo del ministro Gardoquí, sin que hubiese hecho
la más mínima gestión para ello; y el oficial de secretaría que manejaba estos
asuntos aún me pidió que le indicase individuos que tuvieran estos conocimientos,
para emplearlos en las demás corporaciones de esta clase, que se erigían en
diferentes plazas de comercio de América...
Frangmento extraido de la Autobiografía de Manuel Balgrano
publicada por Felipe Pigna de la pagina El Historiador. Para continuar leyengo
ingresar a http://www.elhistoriador.com.ar/biografias/b/belgrano_autobio.php



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