Fuente: www.pagina12.com.ar
Por Sonia Tessa
El ex jefe del Area Militar 132 Manuel Fernando Saint Amant, el ex
militar Federico Bossie y el ex policía federal Jorge Muñoz recibieron
prisión perpetua de cumplimiento efectivo en cárcel común.
María Eugenia y Fernando Amestoy tendrían hoy 39 y 41 años. Los
asesinaron cuando tenían tres y cinco, el 19 de noviembre de 1976, junto
a sus padres, en San Nicolás. Sus miradas infantiles en la foto apoyada
en el blíndex de la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal número
2 de Rosario se proyectaron sobre las cabezas del ex jefe del Area
Militar 132, Manuel Fernando Saint Amant, del ex militar Federico Bossie
y del ex policía Federal Jorge Muñoz, condenados ayer a prisión
perpetua de cumplimiento efectivo en cárcel común. Las víctimas fueron
el estandarte que los familiares sostuvieron durante la lectura de una
sentencia impecable. El tribunal también hizo lugar a los pedidos de la
fiscalía para que se investiguen las responsabilidades de otros
uniformados en los hechos. Bastó que el presidente del TOF, Omar
Digerónimo, empezara a leer para que los presentes dejaran salir la
catarata de lágrimas contenidas por años. El único sobreviviente de la
masacre, Manuel Gonçalves Granada, lloraba sin parar. Sólo llanto se
escuchó entre el público hasta el final de la lectura. Ahí sí,
estallaron los aplausos y los abrazos. “Ahora descansan en paz”, fue la
frase más repetida por los familiares.
En el cantero central de Oroño, la gente se abrazaba a lo largo de
la calle, alrededor del escenario armado por el Espacio Juicio y
Castigo. Tras la lectura del veredicto, algunos se quedaron a prolongar
la celebración. “No vamos a recuperar lo que nos quitó la dictadura,
pero sí vamos a recuperar, en días como hoy, la alegría y la esperanza
de tener un día mucho mejor”, dijo Manuel desde el escenario. La fiesta
siguió toda la tarde. “La Justicia a veces llega tarde, pero repara. No
las ausencias, pero sí el alma maltrecha”, sintetizó Florencia Amestoy,
prima de los niños asesinados.
Saint Amant, Bossie y Muñoz fueron condenados por los cinco
homicidios agravados de Omar Amestoy, Ana María “Pochi” Fe-ttolini, sus
hijos María Eugenia y Fernando y de Ana María Granada, la mamá de
Manuel. El tenía cinco meses y se salvó porque ella lo envolvió en un
colchón antes de esconderlo en un placard. Saint Amant recibió sentencia
además por las desapariciones de Regina Spotti, María Cristina y Raquel
Alvira, Horacio Martínez, Rosa Baronio y Eduardo Reale. El fallo
incluyó el robo agravado de bienes y la sustracción, retención y
ocultamiento de los niños Fernando Alvira, Víctor y Martín Almada, de
entre 8 meses y dos años. También la privación ilegítima de la libertad
agravada por mediar violencia de José Emilio Mastroberardino.
“El tribunal hizo prácticamente lugar a todos los planteos de la
fiscalía. Es muy importante que haya hecho lugar a los pedidos para que
continúe la investigación sobre otros posibles imputados en relación con
hechos que surgieron en este debate oral y público”, indicó el fiscal
coadyuvante Juan Murray, que trabajó junto a la fiscal Adriana Saccone
en el juicio oral. Ayer recibieron aplausos por su “convicción y
seriedad”.
El tribunal integrado por Digerónimo, Beatriz Caballero de Barabani y
Jorge Venegas Echagüe revocó las excarcelaciones de los represores,
pero mantuvo las prisiones domiciliarias hasta que la condena esté
firme. Entonces, “y acorde con su estado de salud”, deberán cumplirla en
un instituto penitenciario.
Entre los presentes ayer, el diputado nacional del Frente para la
Victoria Horacio Pietragalla resaltaba por su altura. Otra nieta
recuperada, Victoria Montenegro, llegó hasta Rosario. En la primera fila
de la sala de audiencias, las Madres de Plaza de Mayo Chiche Massa y
Herminia Severini, junto a Celina Keka Koffman, de Santa Fe, escucharon
la lectura. Gastón Gonçalves, el bajista de Los Pericos, acompañó a su
hermano Manuel. Sentada en la primera fila del público estuvo Adriana
Alvira. Su testimonio en el juicio, a principios de agosto, fue
demoledor. Después de la sentencia, sobre el escenario, recordó a su
padre, Vicente Marcial Alvira. “Esto debió suceder mucho tiempo antes.
Mis padres también debieron llegar a este día”, dijo. Adriana, como
todos, les agradeció a los querellantes Ana Oberlin, Lucas Ciarniello,
Alvaro Baella y Carolina Ibáñez por el trabajo realizado.
“Esperábamos esto porque sabíamos que había mucha prueba, pero igual
siempre surgen una serie de temores, y de expectativas previas que,
bueno, la verdad que se vieron mucho más que satisfechas. Llegar a este
día y tener este resultado es maravilloso y vale la pena”, dijo Oberlin,
entre saludos y festejos.
La causa que terminó ayer se inició en octubre de 2004. Entonces,
Manuel Gonçalves aún no había podido cambiar su nombre impuesto de
Claudio Novoa, con el que creció hasta los 19 años. Aquel bebé que fue
dado en adopción irregularmente por el juez Juan Carlos Marchetti ayer
tuvo su segundo día de justicia. En abril del año pasado, los
responsables de la desaparición de su padre, Gastón Gonçalves, fueron
condenados. Ayer les tocó a algunos de los asesinos de su mamá. Había
pedido tres deseos antes de la sentencia. “Todos creímos en Papá Noel
este año”, dijo ayer, para contar: “Esperamos mucho tiempo para que
llegue un día como éste. Lo mejor que supimos hacer en todos estos años
fue la lucha colectiva, este triunfo es de todos”. El abrazo de su hija,
Martina, de 11 años, los dos emocionadísimos, fue el corolario de
tantos años de búsqueda para terminar con la impunidad.




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