Tras una dura campaña en la que ambos candidatos intentaron mostrarse
como el mejor seguidor del comandante bolivariano, el heredero elegido
por Chávez se impuso al representante de la MUD, que sin embargo hizo
una buena elección.
Por: Mercedes López San Miguel / Fuente: www.pagina12.com.ar
Desde Caracas
Hasta casi la madrugada local, los venezolanos esperaron con ansiedad
los ajustados resultados de los primeros comicios que se realizaron en
15 años sin Hugo Chávez. Con 50, 66 por ciento de los sufragios
(7.505.338), ganó el heredero político del chavismo y candidato del
Partido Socialista Unido de Venezuela, Nicolás Maduro, frente al 49, 07
por ciento (7.270.403) de su rival Henrique Capriles Radonski de la Mesa
de la Unidad Democrática (MUD), de acuerdo al anuncio del Consejo
Nacional Electoral (CNE). Enseguida Maduro habló desde el Palacio
Miraflores: “hoy podemos decir que tenemos un triunfo legal justo y
Constitucional” dijo con un rictus serio en su rostro y la constitución
bolivariana en la mano, ante sus simpatizantes reunidos en la Plaza
Bolívar. Capriles dijo que no va a reconocer el resultado hasta que se
conozca el resultado final.
Maduro contó que habló con su rival y le pidió que reconociera la
derrota y que Capriles le respondió que lo iba a pensar. “El me
transmitió su visión, yo le transmití la verdad. Le dije: ‘hay un
resultado, tú sabes cuál es”. Y más, la oposición le pidió acordar un
pacto entre los jefes de campaña ante la Justicia electoral. “Capriles
te dije, si pierdo por un voto, lo reconozco. Pero gané por casi 300 mil
votos y lo debo respetar”. De todas formas, el delfín de Chávez llamó a
una auditoría del 100 por ciento de los sufragios, confiado en el
sistema electrónico y denunció una conspiración internacional. “A
Venezuela se la respeta, ya veremos qué hacer si alguien levanta su
insolente voz contra el pueblo”.
Hay dos antecedentes de pérdidas de votos del chavismo: la derrota
en el referéndum para reformar Constitución en 2007 y las últimas
legislativas de 2010, cuando el oficialismo no alcanzó la mayoría de dos
tercios que le hubiera permitido nombrar a los responsables de la
fiscalía general y el Tribunal Supremo.
“Nosotros en 2007 perdimos la única elección que vamos a perder, 17
de 18 en 14 años y de ahora en adelante vamos a construir una amplia
mayoría de revolución bolivariana” destacó Maduro, llamando a la paz y
poniendo en guardia a las fuerzas armadas y a la policía.
Con similar participación a la del 7 de octubre del 78 por ciento,
el oficialismo quedó muy lejos de repetir la elección de Chávez y su
delfín en una posición de debilidad. Maduro será el primer presidente
chavista de Venezuela, pero quedó claro que para muchos venezolanos él
no es el líder bolivariano que llegó a Miraflores en 1998; y que su
campaña debió tener ciertas deficiencias.
El intelectual José Sant Roz, director del medio Ensartaos señaló a
esta enviada que el estilo de Maduro generó desconfianza en sectores que
sí votaron por Chávez para que siguiera en el poder seis años más y la
situación económica agravó el escenario. “Los ni-ni no se convencieron
del todo con Maduro. Además, entre una elección y otra el gobierno
devaluó el bolívar y hubo desabastecimiento de productos; la gente
esperaba que Chávez ratificara esa medida y la explicara.”
Maduro, que a diferencia de Chávez es un civil, no cuenta con el
innegable carisma y la brillante oratoria del fallecido presidente y
deberá trabajar en equipo intentando mantener la armonía entre las
distintas facciones del Partido Socialista Unido de Venezuela, sobre
todo, con el ala militar que encabeza Diosdado Cabello, presidente de la
Asamblea Nacional.
“Cuando a Chávez se le presentaban obstáculos siempre su respuesta
era frontal, creativa, muy bien meditada. Difícil que Maduro iguale ese
estilo”,dijo Sant Roz. Y agregó: “Sí podemos estar seguros de que Maduro
tiene que oír bien al pueblo, que no se puede desviar ni un ápice de la
línea trazada por Chávez. Es algo que aprendió el líder bolivariano en
el golpe de 2002”.
Durante la campaña, los candidatos eligieron la confrontación y la
agresión verbal como estrategia, un dato a tener en cuenta para analizar
la votación de ayer. Maduro tachó a su rival de “bobo”, carcamán” y
farsante”, en espejo a las descalificaciones que le propinó Capriles al
llamarlo “toripollo” (mezcla de toro y pollo) y “mentiroso”.
Las encuestadoras más serias del país no anticiparon unos resultados
tan reñidos. Datanálisis, que había tenido la proyección más acertada
en octubre, postuló una ventaja de diez puntos del candidato oficialista
sobre Capriles.
El analista político Nicmer Evans, en una carta que le escribió a
Maduro y generó algunas críticas al interior del chavismo, anticipó a
modo de enumeración algunos de los retos del próximo gobierno:
“Recomiendo empezar a ubicar la atención del discurso en temas
centrales, tales como el posicionamiento de la economía comunal, el
método para la superación del rentismo petrolero, la forma de aplicación
del Plan de la Patria dejado por Chávez, y la resolución del problema
inflacionario y de devaluación”.
Al igual que en octubre, la participación se pudo percibir desde
temprano en las filas de los centros de votación, como en el liceo
Miguel Antonio Caro. Catia, en el oeste de Caracas, fue epicentro de la
resistencia al efímero golpe de abril y cuyo canal comunitario Catia TV
transmitió la asonada mientras las grandes emisoras privadas pasaban
dibujos animados. Afuera del liceo, un señor vestido con un jogging y
visera con los colores venezolanos dijo que optó por el heredero
político de Chávez. “El presidente encargado va a seguir el legado y las
obras que dejó el comandante como las misiones Robinson, Sucre,
Vivienda. Son todas conquistas como la misión Mercal, en donde compro
productos de buena calidad a bajo costo”, dijo Gustavo Cartagena,
oficinista.
A su lado pasó una señora con un andar cansino. “Maduro va a seguir
este proceso, sentimos esa esperanza porque el comandante lo escogió, y
por algo es”, dijo Miriam Rodríguez, de 56 años, que trabaja en su casa
cuidando chicos. Se le escaparon algunas lágrimas al recordar a Chávez.
“Era un ser especial mandado por Dios, hay que acostumbrarse a que no
está”, dijo.
Un hombre de nombre Nelson Bastidas, 50 años, que no cesaba de fumar
a metros de la entrada al colegio, contó que votó por la continuidad
del proceso bolivariano para “agarrar al fascismo y al extrema derecha y
sancionarla”.
–¿Sancionarla por qué?
–Porque los precios y la especulación la establecen los empresarios
que tratan de distorsionar la realidad, y después acusan al gobierno por
haber devaluado.
Por las calles de Catia se podían ver carteles de Chávez y de
Maduro, como una mezcla de la campaña de octubre y la actual,y cierta
mimetización del discípulo con su padre político. Se lo pudo ver a
Maduro abrazando niños, hablando con sus seguidores, posando para las
fotos, como hacía Chávez, que se paraba para hablar uno por uno.
También podían encontrarse seguidores de Capriles en Catia.
“Venezuela necesita un cambio, por los problemas de inseguridad e
inflación”, dijo sin más el bancario Marcos Ortega, de 45 años a la
salida de un centro de votación.
Una chica caminaba hablando a los gritos con otras dos y dijo
“estamos más organizados que ellos”, y por su remera roja se podía
deducir a quienes se refería con “ellos”.
En el lado este de la ciudad, zona de clase media y alta,
específicamente en el municipio Chacao –que pertenece a Miranda, donde
gobierna Capriles–, el “nosotros” era diametralmente opuesto. Saliendo
del colegio Libertador, un señor de mediana edad compró el diario El
Nacional, que es opositor al chavismo y en tapa tituló con gran
tipografía: “Vota, vigila y cuenta”. El hombre se detuvo a explicar su
preferencia. “El pueblo se cansó de tanta mentira. Para darles
beneficios a los que deja contentos les quita a los que trabajan. El
gobierno regala casas en terrenos baldíos y están cerca del metro, como
nosotros” dijo Juan Avalos de 58 años, dueño de un comercio de la rama
industrial. Dijo que le va regular con el negocio porque “no hay
repuestos y es difícil acceder a los dólares”.
“Voté por el guapo”, afirmó el jubilado Antonio Fernández.
“Necesitamos un cambio en la administración, la economía y acabar con la
corrupción”, dijo apoyado en un bastón y quejándose del aumento de
precios de los remedios.
Una mujer bajita y de ánimos exaltados se apareció para contar su
situación. “Estoy en la alcaldía del Libertador y siendo ingeniera gano
un sueldo mísero”, dijo Dora Nieto y agregó: “Capriles es la esperanza
de que todos seamos tenidos en cuenta. Esto está muy dividido: las
cúpulas viven bien y gente como yo no ganamos ni 5000 bolívares (800
dólares). Soy clase media profesional pobre”, dijo con el dedo levantado
y alzando la voz.
También había votantes del candidato del bigote. “Soy un chavista
light”, dijo Ramón Colmenares a sus sesenta años. “Apoyamos las
políticas sociales y no queremos privatizaciones como en Argentina. Esto
no se puede arreglar de un día para el otro” explicó su punto de vista
el experto internacional de prevención de lavado de dólares que estuvo
en el cierre de campaña de Maduro. “No todos somos radicales, vio?”,
dijo y se dio media vuelta.
Por la noche, se abría un nuevo capítulo en el proceso bolivariano que legó Chávez.




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